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TEMA 1
1. Cantar en Misa exige que vivas de otra manera
La Misa es uno de los actos de culto litúrgicos con los que la Iglesia celebra el misterio pascual de
Jesucristo.
Tú lo sabes: la Misa, Eucaristía o Acción de Gracias (como gustes llamarla) es la presencia viva de Dios hecho
alimento para todo su pueblo. Es la presencia de Dios en su palabra, que hace fuerte la fe y nos anima a seguir
en la lucha diaria. Es la presencia de Dios en la persona del Sacerdote, que aunque a veces no lo vemos muy
claramente en esa humanidad, ahí está Él bendiciendo a todos sus hijos. Es la presencia de Dios en la
comunidad, en la asamblea reunida que canta, responde, se alegra, se congrega y vive el memorial de la
pasión, muerte y resurrección de Cristo. Por tanto, la Misa es la más excelsa de las celebraciones litúrgicas que
forman parte del culto católico.
Cuando cantas en alguna Misa, ahí el mismo Cristo es el que canta las alabanzas al Padre y tú solo prestas tu
voz. ¡Es Cristo quien canta en ti! Él sigue actuando en su iglesia a través de signos sensibles, como la música.
A muchos coros y grupos les falta mucho cantar como se debe. No es justo que cuando están reunidos en
grupo dejen de ser ellos mismos, dejen de ser primeramente hijos necesitados del Padre y se presenten en las
celebraciones como meros artistas de un espectáculo. No es testimonio que acudan a la celebración cantando
“juntos como hermanos” cuando ellos mismos no se pueden llevar bien, no se aceptan, no se aman, no se
perdonan.
Los músicos católicos tenemos que ser de otra manera, tenemos que ser congruentes con lo que cantamos, lo
que vivimos y lo que somos. No podemos ir con una guitarra por delante queriendo engañar a Dios. Por lo
menos tenemos que intentar ser diferentes y vivir intentándolo.
2. Para cantar en Misa debes ser un buen músico litúrgico
A continuación, las características que debe tener cualquier “hijo músico” que se haga llamar litúrgico o que
cante en Misa:
Es una persona de fe
Es decir, una persona que cree con todas sus células en Dios y en la Iglesia. Una persona que cree en el poder
divino que canta en ella misma. Una persona que no se turba con nada y se sostiene ante todo. Una persona
que está plenamente consciente de lo que está haciendo. Que está viva y cree que este regalo de la música en
su corazón no lo recibe porque lo merezca, si no porque es amada en su debilidad. Es una persona que sabe
perfectamente que al elevar su canto en la liturgia, alguien la está escuchando.
Es una persona de oración
Hay música que no le agrada escuchar al Señor. Jesús “detesta” ciertas músicas en boca de los hombres (Mc
7,6-7; Is 29,1-3; Am 5,22-24; 6,4-8; 8,10). Su atento oído escucha todo y conoce la intención de todo. Quien
canta en la liturgia solamente por cantar, solamente por ganar un estipendio económico, solamente por
destacar sus cualidades, solamente por lo que sea y no hace de su canto una verdadera oración, creo que está
equivocando su camino y vale más que reflexione, antes que tenga que dar cuentas de su corazón y de su
acción. (Lee cuidadosamente esas citas bíblicas antes de continuar.)
Es una persona competente
Es decir, es una persona que tiene calidad. Que sabe hacer bien lo que está haciendo. Que hace a cada
instante por vencerse a sí misma en su mediocridad y trata de superarse técnica y espiritualmente. Que
recuerda que “La alabanza corresponde al sabio” (Eclo 15,10). Que no se conforma con solo “presentarse” a
una celebración y “sacarla” como se pueda, sino que reconoce sus límites y procura superarlos. Es una persona
que tiene calidad también en su vida. Que sabe que hay que dar el “extra” y no se amedrenta, sino que tiene el
coraje suficiente para hacerlo y tratar de vencerse a sí misma.
Es una persona con capacidad para trabajar en equipo
Es decir, ¡es una persona libre! No tiene las ataduras de los complejos o del egoísmo. Sabe lo que tiene, sabe
lo que es, sabe por quien lo tiene y porqué se lo dieron. Presta, da, ofrece, colabora, participa, se integra y
convive con los demás miembros del equipo de liturgia. No es el clásico músico que piensa que su voz y sus
canciones son las únicas “ungidas”, las únicas que vale la pena que el pueblo “escuche”.
Un músico litúrgico, un coro que cante en Misas o un organista que participe en ellas deben estar integrados al
equipo de liturgia de la parroquia. No puede ni debe andar solo. Recuerda que la iglesia es 100% ministerial y
lo que tú haces al cantar en Misa es ejercer un ministerio, el ministerio del canto en la celebración. Por lo tanto
no puedes estar ajeno a todos los otros servicios que se están prestando ni puedes estar ausente en la
preparación de esa celebración, porque tú estás en equipo con todos.
Cabe decirte aquí que los músicos que se precien de ser litúrgicos no se siente dueños ni del “escenario” (que
no lo es, por supuesto) ni de ninguna celebración. (¿Has oído aquello de “mi Misa”, o has caído en la trampa de
enojarte cuando alguien participa en “tu Misa” o quiere “robarte” tu tiempo de cantar?)
Ya basta de estar haciendo numeritos de verdaderas guerras “escénicas” entre coro y presidente de la
celebración, o entre coro y otros ministros. Ya basta de no dialogar y de no poner al servicio de la celebración
lo que a cada uno le toca.
Es una persona con capacidad para transmitir un mensaje
Algo muy técnico: sabe cantar, sabe usar un micrófono, sabe hablar bien y pronuncia correctamente las
palabras cuando canta, tiene por los menos un timbre agradable en su voz y practica las técnicas de
vocalización y respiración apropiada. ¡Es entonado o entonada!, es decir que, como requisito mínimo, tiene
alguna calidad de afinación en su voz, por lo menos la reconoce y sabe distinguir cuando su voz no reúne esos
REQUISITOS
Hay muchos amigos de “buena voluntad” que sólo tienen eso: buena voluntad para cantar, pero no pueden
hacerlos por mas que lo intentan y lo practican. Ya es algo que “no se les da”.
Cuando eso ya no se da…es mejor reconocerlo y tratar de ser de servir en otro ministerio dentro de la
celebración.
Un buen cantante o un buen coro pueden hacer que toda la celebración sea más viva, más plena, más rica.
Favorece la celebración y ayuda a crear un ambiente que ella misma necesita y requiere. Pero un mal cantante
o un grupo desafinado y sin ninguna noción musical puede echar a perder toda la preparación de una
celebración. Puede “sacar” al pueblo de ese encuentro y distraerlo.
Algo más profundo: ya aclaramos que durante las celebraciones litúrgicas Cristo está ejerciendo su sacerdocio y
estamos actualizando el Misterio pascual; pues bien, si no has asimilado en tu vida el mensaje que vas a
transmitir, dime ¿cómo vas a decirlo?, contagiarlo, impregnarlo en el corazón de tus hermanos. ¿Cómo vas a
poder usar el poder de la música para sembrar el Evangelio, la Palabra de Dios? Si tú mismo no la conoces, no
la interiorizas, no la vives.
Es una persona humilde
Es decir, no se hincha, ni se envanece. Pero no solo esto, si no sabe lo que hace, lo hace por el bien del
Espíritu que lo está asistiendo. Reconoce que el talento que tiene es suyo, pero sabe quién se lo dio y no lo
pierde de vista, por lo contrario cada día que pasa agradece haberlo recibido y tenerlo para servir y hacer que
su paso por esta vida haya valido la pena.
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